Prostitución: Más allá de la obviedad.

Entrevista de Diario Digital Femenino a Georgina Lira y Griselda Fernandez por su trabajo: http://www.diariofemenino.com.ar/sobre-derechos-civiles-y-laborales-en-relacion-la-prostitucion/

Por Lenny Cáceres

A raíz de la presentación de proyectos de ley que, pensando en la protección de las personas prostituidas, buscan el reconocimiento de la prostitución solicitando que se la reconozca “un trabajo como cualquier otro”, y de la postura asumida recientemente por Amnesty en relación a la liberación de la industria del sexo, equiparándola con cualquier otra, dos mujeres comenzaron a plantearse varias interrogantes que, en cualquier otra industria o trabajo, suelen resolverse apelando a las normativas generales y particulares de cada actividad.

De esta manera, Georgina Lira y Griselda Fernández indagaron acerca de los derechos civiles y laborales en relación a la prostitución con el fin de evaluar lo más objetivamente posible posibilidad de la adecuación de la prostitución a la normativa vigente en este ámbito. Diario Digital Femenino dialogó con las autoras sobre esta investigación.

 

Prostitución: Más allá de la obviedad. Griselda Fernandez - Georgina Lira

 

Griselda Fernández es feminista, estudiante, madre de dos niños, trabajadora en el Ministerio de Trabajo, Empleo y Seguridad Social. Georgina Lira se presenta como “psicóloga Social, desempleada pero no desocupada, aprehendiente compulsiva. También sobreviviente de violencias, feminista y parte de AMAcvg, una red de mujeres que acompañamos y tratamos de buscar recursos para mujeres atravesadas por violencias”.

Para Georgina la investigación se dio por su“necesidad de entender, dado que la prostitución de algún modo atraviesa a todas las mujeres de muchas formas. Para muchas es como un fantasma, un miedo, el último recurso. Para otras, un recurso, una estrategia de supervivencia. Es un tema complejo en ese sentido. Pero lo que más me impacta es que es el destino asignado a los grupos más excluidos, y esto se ve claramente cuando se observa al colectivo trans o las mujeres pobres migrantes, quienes conforman la mayor parte de las personas prostituidas”.

En la misma línea, Griselda manifestó su preocupación acerca de “la reglamentación que nos quieren imponer, permitiendo a quienes nos convierten en cosas violables, secuestrables, vendibles, en cosas descartables que se pueden usar y de última se mata y desaparece, que puedan obrar con impunidad y encima infundir en toda la sociedad el pensamiento de que matar mujeres no importa”.

–          ¿Por qué esa temática? ¿Estaba la inquietud por separado o surge al encontrarse?

GL: Nos conocimos compartiendo opiniones (por suerte no siempre coincidentes) primero por Facebook, y después telefónicamente. Hablábamos de muchos temas, pero cuando surgía la prostitución, surgían preguntas. Preguntas que Griselda empezó a escribir y que tenían mucho sarcasmo e ironía, pero que encerraban preguntas “en serio” acerca de cómo ajustar la prostitución a la normativa. Leyendo los proyectos de reglamentación, nos encontramos con que no respondían ninguna de estas preguntas, sino que se generaban más todavía. Y la curiosidad exigía respuestas que no encontramos en las normativas que consultamos.

GF: Cuando nos conocemos tanto Geo como yo charlabamos y una angustia muy honda surgia con el tema. Había preguntas que nos íbamos haciendo y que yo empecé a plasmar en papel, y que se fueron incrementando a  medida que ambas seguíamos preguntando.

Las primeras preguntas surgieron desde la bronca y después se hicieron más concretas. Georgina se puso a investigar y yo aporté desde mi lado pensando y tirando ideas. De alguna forma pude quizás ser disparador por momentos.

–          ¿Cómo se encontraron para trabajarlo juntas y cómo se sintieron con la experiencia?

GL: Mucho teléfono, mucho Facebook, mucho mail y mucho googledocs para discutir, intercambiar y opinar sobre lo que íbamos leyendo y escribiendo. Porque antes de este artículo, se publicaron las preguntas, que nadie contestaba seriamente. Eso llevó a buscar leyes, fallos, declaraciones de derechos, definiciones, diccionarios, libros….

Es muy bueno poder trabajar con alguien a quien respetás y con quien podés discutir mucho sin pelearte. Gente con la que podés enojarte y no perder el respeto. Me sentí muy cómoda, quizás porque se dio naturalmente. La decisión no fue de investigar, sino de organizar y escribir lo que iba surgiendo, lo que íbamos aprendiendo y descubriendo. La culpa de que se haya escrito es de Griselda, que es muy persistente cuando se le mete algo en la cabeza.

GF: Los encuentros fueron a distancia, larguísimas charlas telefónicas e intercambios e incluso la tecnología ayudó para que pudiéramos por ejemplo compartir el resultado con cosas como google doc que permite poner un documento en un sitio que ambas personas puedan modificar.

–          ¿En qué marco se dio la investigación?

GL: Hace ya varios años que se ha legalizado la prostitución en otros países, y hace varios años que se intenta reglamentar en nuestro país. Sin embargo, hay un olvido de la propia historia. Fuimos el primer país en tener una ley que penaliza la explotación sexual comercial de niñas y niños. Pero además, la legislación nacional no prohíbe la prostitución, sino el lucro con la prostitución ajena, así como su promoción o forzar a alguien a ejercerla. Desde el punto de vista de la legislación penal nacional, reglamentarla formalizaría al Estado como violador de esas leyes, a no ser que se eliminen estos delitos: tendríamos un Estado formalmente proxeneta que alimenta sus arcas con la prostitución ajena.

Pero también hay que ver las características de las propuestas: son engañosas porque son discriminatorias. Creo que estoy en condiciones de hacer esta afirmación porque no sólo no incorporan la figura del consumidor de servicios, sino que tampoco ponen un límite a la actividad. Porque no hay forma eficaz de garantizar seguridad sanitaria, y se omiten datos que, dadas las características de la industria del sexo, son de gran relevancia, como que el simple uso del preservativo no previene todas las ITS (por ejemplo, la sífilis, que según estadísticas obtenidas de los análisis prenupciales padece el 10% de la población casada legalmente), la absoluta asimetría de poder entre quien “vende el servicio” y quien “lo compra”, la vulnerabilidad de las personas prostituidas a diferentes violencias, y muchas otras cosas más.

Al mismo tiempo, vemos las grandes dificultades que surgen en los países en los que se ha reglamentado la prostitución para detectar y combatir la trata de personas, a la vez que el 90% o más de las mujeres prostituidas en esos países son migrantes y pobres, sin otra alternativa en el mercado laboral.

–          ¿Cuál es el objetivo de “mostrar” la dificultad de adaptar el ejercicio de la prostitución al paradigma de derechos laborales?

GL: Más allá de nuestra postura personal frente a la prostitución, el objetivo fue poner en el centro de debate elementos que no están y que consideramos que deben estar. Mucho se habla del HIV, pero se oculta información acerca de sífilis, hepatitis y otras patologías crónicas que se transmiten por otras vías además del semen. Por ejemplo, la definición de derechos laborales. La mayor parte de las personas prostituidas no tienen conocimiento acerca de qué son y a qué remiten los derechos laborales, mucho menos los derechos civiles. En los proyectos de reglamentación se esgrimen argumentos como el derecho a un aporte jubilatorio (aunque la expectativa de vida sea de 40 años y no 75 como el resto de la población) u obra social, a los que se puede acceder con el pago de un monotributo (social o común). Los derechos son más, y abarcan otras cosas como la salud, el buen trato, la educación, el progreso (ascender en la jerarquía), etc. También hay obligaciones, como puede observarse en la Ley de Contrato de Trabajo, o en cualquier estatuto de cualquier actividad, que no pasan sólo por pagar impuestos, sino que tienen que ver con el uso de elementos de seguridad, por ejemplo. No se establecen mecanismos de control ni de la seguridad de las mujeres ni del respeto por los límites que éstas impongan. Tampoco indican de qué modo se articulará con otras actividades como sí sucede en otras industrias. Por ejemplo, sabemos que unxabogadx puede realizar actividades pertenecientes a otras industrias, como la docencia, pero no tiene habilitación para instalar una cañería de gas o atender a unxenfermx. O que no puede atender clientes y ser funcionario público, al igual que un comerciante que ocupa un cargo legislativo no puede ser proveedor del Estado. ¿Cómo será en el caso de la prostitución? ¿Con qué otras actividades será compatible y con cuáles no?

El encuadre del trabajo es complejo porque hay muchos intereses involucrados. Los proyectos de reglamentación, si bien refieren a la prostitución autónoma, desconocen que en muchos, muchísimos casos de trata y prostitución de niñas, niños y adolescentes, los proxenetas son o bien lxsdueñxs de prostíbulos, o bien tienen algún lazo íntimo con las víctimas. Todo pareciera indicar que están orientados a beneficiar a toda la cadena de intereses, menos a las personas prostituidas. Una prueba de esto, es que se les exigiría una libreta sanitaria, sin reconocerles la posibilidad de exigírsela ellas al “cliente”. Este no es un detalle menor, dado que son ellas quienes están expuestas a un mayor riesgo de contagio.

Deseamos que visibilizar estas cuestiones lleve a las instituciones a repensar en la urgente necesidad de medidas concretas y eficientes, tendientes a generar trabajo genuino, en lugar de disfrazar de trabajo estrategias de supervivencia que atentan contra el bienestar de las personas. Alguien dijo que todo es imposible hasta que se hace.

GF: Nosotras nos consideramos abolicionistas, y nos interesa mostrar el real fin de la reglamentación, que es la validación de fiolos, tratantes, secuestradores, prostituyentes, como empresarios legalizados, y las mujeres pasaríamos a ser mercancía, no solamente las mujeres que son prostituidas sino las que momentáneamente no lo son. Toda mujer por la calle sería una puta para la sociedad.

–          ¿Cómo fue recepcionado?

GL: En general fue muy buena, mejor de lo esperado. Sobre todo por grupos abolicionistas y que trabajan en la temática de trata de personas. Nos han contactado para usarlo como fuente y se ha realizado alguna charla-debate al respecto. Hasta nos hicieron entrevistas radiales. Nos han halagado bastante, debo decir. Estamos a la espera de más devoluciones. Pero nos gustaría mucho que estos ejes pasen a formar parte del debate a nivel legislativo (agregaría “y mediático”, porque últimamente parece tener más fuerza lo que se dice en los medios que el objetivo concreto a la hora de legislar), dado que muchas veces se dejan de lado para centrar el debate en las personas prostiuídas, omitiendo sus derechos. Si son dignas o no, si eligen o no, si les gusta o no, inclusive qué impuestos deben pagar. Creemos que el debate debe contemplar la problemática en el acceso al efectivo ejercicio de los derechos de las personas, sin suponer que los derechos son renunciables, porque no es así. Los derechos son irrenunciables. Yo no puedo venderme como esclava. Es inválido cualquier contrato que me despoje de mis derechos. ¿Será válida una ley que legalice la prostitución a sabiendas de que no se condice con los derechos laborales reconocidos nacional e internacionalmente?

GF: Fue más grande de lo que esperábamos, me parece. Hubo interés de distintos grupos y personas, en encuentros regionales de mujeres la recepción fue de mucho interés y el sábado 26 de septiembre de 2015 fui, de hecho, a una charla sobre este trabajo. Se ha publicó en Diario Digital Femenino, y desde ahí se ha compartido muchas veces, y hubo un boca en boca interesante. La enorme difusión que esa publicación le dio, la inmensa facilidad de que se transmita. Estamos muy agradecidas con DDF porque de esa forma podíamos publicitarla y se dio todo, llegó.

–          ¿Cuáles son los pasos a seguir en cuanto a difusión o profundización sobre la temática? ¿Más artículos, entrevistas, libros?

GL: Estamos realizando entrevistas, buscando más información, recopilando datos a partir de diferentes fuentes. La idea es terminarlo. Esto es un resultado parcial. Pero vale aclarar que no es sólo acerca de la prostitución, sino de las diferentes formas de vulneración de los derechos laborales en función de los estereotipos de género, y que influyen en el proceso de feminización de la pobreza

–          Desde la publicación a la fecha y raíz de las repercusiones ¿Tuvieron algún cambio de mirada sobre lo abordado?

GL: Se amplió, se enredó con otras miradas, se enredó con otros temas, se alargó la lista de preguntas. Y se afinó la metodología de trabajo, que se centra en el uso de herramientas de la Psicología Social que permiten, entre otras cosas, detectar, identificar y diferenciar lo que nos pasa de lo que sucede, y que fue lo que nos permitió realizar este trabajo.

GF: La mirada se aclara, más que cambiar se amplía. Buscamos respuesta también del otro lado, el reglamentarista, que cuando lee el trabajo su primera reacción es de alarma y oposición.

–          El artículo está elaborado en un lenguaje particular, claro, llano, concreto y muy poco pretensioso teniendo en cuenta el valor del contenido… Hubo intencionalidad al escribirlo así ¿Por qué?

GL: Sí, el lenguaje fue intencional. Apelamos al lenguaje que se emplea en los proyectos de reglamentación, y queremos llegar a la mayor cantidad de gente que esté involucrada en la temática. Pese a que el trabajo encuadraría mejor en las razones del abolicionismo, nos parece indispensable que haya un diálogo entre ambas corrientes, que sin el uso de un lenguaje común es imposible. Cuando hablamos de diálogo, nos referimos a las cuestiones prácticas que están mencionadas en este trabajo y las que no. Es inútil discutir acerca del deseo o el placer, o de la elección o no elección. Pero nos parece muy importante que las personas prostituidas sepan de qué se habla cuando se habla de sus derechos para que no se las involucre como cómplices en la creación de una legislación para ciudadanxs de segunda categoría, que se verán privados de derechos y que no podrán considerarse víctimas de determinados delitos, mientras que la misma legislación otorgará privilegios a otros grupos de ciudadanxs, que podrán cometer delitos (lucrar con la prostitución ajena), a la vez que se les otorga una especie de superioridad a sus deseos frente a los derechos de las personas prostituidas.

Los fundamentos de la legislación abolicionista están en nuestra historia, a principios del siglo XX, y se vinculan directamente con la trata de personas. La reglamentación o legalización de la prostitución ha demostrado no sólo no ser eficaz, sino alentar este delito, ubicado hoy en segundo lugar entre los que más dinero mueven a nivel mundial.

Tampoco es intencional haber dejado de lado la trata de personas. Las características de las actividades propias de lo que se denomina “industria del sexo” (básicamente, prostitución y pornografía en todas sus formas) no son compatibles con las normativas laborales, y por ende, con las definiciones de trabajo digno y trabajo genuino, sino que se encuadran en lo que legalmente se denomina explotación o esclavitud, según las condiciones en las que se dé. Por ende, no podría darse la prostitución por fuera de la explotación o la esclavitud. Quiero aclarar que no hacemos referencia en ningún momento a la dignidad de la persona, sino a las características que una actividad debe reunir para ser considerada trabajo digno o genuino. Cambiar pañales o limpiar un baño pueden encuadrarse en este marco, en tanto se cumplan las condiciones exigidas para ello, que se remiten al respeto de los derechos de la persona empleada para tal fin, y que están establecidos en las normativas pertinentes. Estas características hacen que cualquier persona prostituida pueda ser considerada explotada o esclavizada, ya que están en situación similar a la de cualquier persona explotada o esclavizada en cualquier otra industria.

Tampoco nos parece que pueda ser leído como casualidad el hecho de que entre el 80 y el 90% de las víctimas de trata de personas sean mujeres, niñas y niños destinadxs a la explotación sexual, y que esta cifra sea coincidente con la cantidad de mujeres, niñas y niños dentro de la industria del sexo, al menos en cuanto a porcentaje. Este dato, sumado a la característica de migrantes de la mayor parte de las personas prostituidas, nos indica que no se trataría de una elección, sino de una estrategia de supervivencia, en el mejor de los casos. Pero es sólo una hipótesis, y muy difícil de confirmar. Habrá que trabajar en ello.

Para cerrar, quiero insistir en que la idea de publicar este trabajo es invitar a poner otra mirada, y a buscar las respuestas a las preguntas que nos hacemos a diario. Después de todo, este trabajo no es más que eso: respuestas a preguntas que parecían respondidas por la obviedad.Prostituciòn: Màs allà de la obviedad

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s